miércoles, 18 de noviembre de 2009

Cómo entrar en una firma grande de abogados de empresa

Si usted estudia tercer o cuarto año de derecho y se plantea entrar a trabajar en una firma legal de abogacía de empresa, en una de las grandes, habrá de tener los deberes hechos.

Su expediente académico deberá ser bueno, en torno a un promedio de notable. Muchas firmas le harán un test y, si lo supera, le pondrán un caso práctico. Sólo después le llamarán para una entrevista con un socio. Deberá, pues, disponer de formación legal básica y de habilidades suficientes para formular un buen discurso de palabra y por escrito. Empiece a practicar.

Otro camino es señalizar capacidad de desarrollar un esfuerzo sostenido, por ejemplo, cursando un segundo grado. Económicas y Empresariales son los complementos más comunes. Problemas: en algunos casos, los candidatos tienen dos medias carreras, ninguna entera.

Desde luego, el grado de derecho -cuatro añitos- es muy poca cosa. Piense que, hoy en día, el modelo de enseñanza de derecho es el norteamericano: todos los abogados USA han cursado una carrera de cuatro años, luego tres de derecho y finalmente han superado el bar exam –vea el post de Albert Azagra en este blog-. Por ello, hará bien en cursar un postgrado que sea bien valorado por el mercado. En España los hay. En el extranjero, priman los ofrecidos por las buenas facultades angloamericanas, aunque no se fíe: las grandes firmas saben que sólo los cursos de acceso competitivo valen de verdad lo que cuestan en dinero, que es mucho. Hay becas extraordinarias, como las de las grandes cajas de ahorro y las de algunas fundaciones muy reconocidas. De nuevo: si supera el bar exam de un Estado importante USA, tiene un activo muy valioso. Como si es Rechtsanwalt, abogado alemán.

Un doctorado en una cátedra de prestigio es muy considerado si se combina con una beca, ministerial o autonómica, una larga estancia en alguna universidad de excelencia y acaba con un libro bien escrito y publicado al filo de los treinta años de edad. Desde luego, si llega a ser un académico reputado, se lo tendrán muy en cuenta.

Todos los caminos llevan a Roma: otro excelente es justificar méritos distintos de los anteriores, como la experiencia laboral durante la carrera. Señaliza madurez, capacidad de integrarse en un equipo y de relacionarse con el público. Una vez, entrevisté a un candidato muy listo, quien había sido árbitro federado durante años. Aquel hombre sabía latín. En otra ocasión, di con una recién graduada que se había pagado la carrera trabajando en unos grandes almacenes. Su inteligencia emocional era apabullante. El talento y el esfuerzo se dejan ver en el acto. Y el uno sin el otro no vale nada.

Envíe media docena de curricula a otras tantas firmas, por lo menos. Tenga clara la especialidad en la cual quiere trabajar, pero no haga ascos a los sistemas de rotación –al sistema Cravath, en la jerga de las law firms-.

Un buen manejo del inglés oral y escrito se da por sabido, pero no se obsesione: a lo mejor domina alemán, francés o chino. O si, aunque no sepa idiomas, va a sudar y a ganar unas oposiciones a un cuerpo de elite de la Administración Central del Estado y, después de cinco, diez o quince años de servicio público quizás piense en pasarse a la práctica privada, no se preocupe lo más mínimo por el inglés, que ya lo aprenderá, de mayor. Las firmas de abogados no suelen confundir lo esencial con lo accesorio: cualquier oposición clásica o a una agencia reguladora de nivel, nacional o internacional, es extraordinariamente valorada. Recuerdo un caso de un concurso entre firmas, organizado por una multinacional, al que, por cuenta de un reputado despacho, concurrieron un viejo abogado del Estado y un joven asociado: el primero sabía derecho; el segundo, inglés. Ganaron.

La experiencia cuenta: un litigador quien, todavía joven, cuenta cien audiencias previas llama la atención. Acompañe las resoluciones judiciales que resolvieron los diez casos más interesantes de los cien que ha defendido.

Usted carece de lo anterior, pero es graduado en derecho y cree que vale: pruebe, nunca se arredre. Muchos socios llegaron con el grado puesto y muchas ganas. Pero eran grandes abogados en potencia, gente capaz de buscar y encontrar las razones que nos amparan a todos en un Estado de Derecho. Y todas las buenas firmas ofrecen formación; de hecho, las grandes cuentan con más de cincuenta especialidades. Si está dispuesto a trabajar duro, en ellas encontrará lo que le falta. De sobras.

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